jueves, 26 de enero de 2017

Indiferencia es tu látigo (1. Valeria)


     Juan, recuerdas cómo hace poco utilizabas el buscador de  Facebook  con el nombre de Valeria Espina López. Después de diversos intentos esporádicos, durante algunos meses, un día, seguramente, el menos esperado apareció su nombre y una pequeña foto con el rostro que recordabas, ya impreciso, en esos lugares de tu memoria donde se agazapan los más extraños recuerdos.


    Todo empezó Juan hace muchos años ¿ lo recuerdas? en el regreso rutinario de tu trabajo. La indiferente parada del autobús de línea. Día de lluvia y frío, cuando te abalanzaste al interior del vehículo, con tu habitual torpeza, tropezaste con un cuerpo que misteriosamente había surgido de la nada, o así te pareció. El cuerpo se tambaleó repetidamente, un creciente rubor de vergüenza se expandió por tu ser. Un sonoro y cortado: Perdón, llenó el momento y cuando se volvía descubriste una intensa mirada de aturdimiento que te contemplaba. Tu típica expresión de niño travieso y arrepentido, seguramente, propició que su rostro se iluminará de una amplia sonrisa que te dejó ensimismado, lleno de lluvia y de asombro. Esa mujer llenó el trayecto, como tu vida, de una inesperada luz.

       Cuando los días siguientes, llegaste ansioso a ese autobús buscando aquellos ojazos, no los encontraste, sumaste una nueva decepción que se añadía a todas las acumuladas durante las largas jornadas laborales. Así regresabas resignado a tu rutinaria existencia. Los días volvían a sucederse con su cansina parsimonia, colmando de monotonía tu ya aburrida vida.
 

       Pero muchos días después, ¿recuerdas?  al sentarte descubriste en un asiento próximo una sonrisa que se abría con una extraña dulzura, un extraño temblor recorrió tu cuerpo, como arcilla estrujada por las manos fornidas de un levantador de pesas. Ella estaba de nuevo allí, sentada, te contemplaba con cierta curiosidad. El trayecto de regreso recuperó así todo su interés en los días siguientes. Contemplarla en la lejanía, de reojo, como si nada,... era para ti el gran aliciente de tu existencia.

      Pasaban así los días, cambiaba la temperatura, las tardes se alargaban y se iluminaban progresivamente, tal como tú. Una de esas, te acomodaste en un asiento junto a ella. Comenzasteis una trivial conversación sobre el tiempo. Fue el perfecto justificante para bajar en su parada y acompañarla. La conversación y el tiempo se fueron estirando hasta bien entrada la noche, descubrías una mujer llena de ideas y repleta de una rebosante simpatía, no paraba de cautivarte. Llegasteis a una cancela, se detuvo, tú le contabas una de tus típicas y aburridas hazañas de tu trabajo, fue cuando puso sus labios sobre los tuyos. La sorpresa te dejó sin palabras, sin capacidad de reacción, seguramente hundido en tu timidez.


   
       Sin que supieras bien cómo, se sucedieron unas jornadas en las que descubriste el vértigo que provocaba sumergirse en la profundidad de sus ojos y descubrir los espacios desconocidos de su cuerpo. Sentías unas nuevas sensaciones diferentes y extrañas que consumían tu concentración durante el resto del día. Tu cerebro parecía disolverse en un inmenso océano que comenzaba en la mirada de Valeria, desconocías su profundidad.

      Juan, empezaste a entender también que el tiempo es un caballo desbocado que no puedes dominar. Notabas que los relojes apenas avanzaban en el trabajo, cuando no parabas de mirarlos porque ansiabas reunirte con Valeria; y luego parecían flechas veloces cuando te reunías con ella... Así el Mundo comenzó a mostrarte sus mandatos que no eran los que tú pretendías, y seguramente, tampoco entendías. Además, estaba Rosa, de la que todavía no hemos hablado, pero era la mujer con la que llevabas tres años conviviendo. Rosa tenía una hija, fruto de una anterior relación, que vivía con vosotros. Era una mujer luchadora y emprendedora, ahora desconcertada por los enormes cambios de tu conducta, en las últimas semanas.
                                                                                 
                                                                             Continuará...