jueves, 12 de enero de 2017

Indiferencia es tu látigo (8. Acimut)

             Paseo del Navegante, sabe a mar, a un lugar infinito, lleno de matices, profundo, desconocido,.. Así era yo, también. Al día siguiente, nada más levantarme, me dirigí a ese lugar. Algo, tendría una relación con esa palabra, nueva para mí: Acimut.





             El antiguo paseo, ahora estaba lleno de negocios y oficinas por cualquier lado. Comencé a preguntar por los locales. Luego a los transeúntes. Una chica, muy bien vestida, me lo explicó, jajaja verás Acimut es un edificio que está al final de la calle, a la derecha. Alguien le puso ese nombre, de forma divertida, es como un mote por su forma.

             Fui precipitadamente, donde la chica me había dicho. Efectivamente, se alzaba un mazacote de cemento con una extraña forma. Una especie de manzana, a la que le faltaba una cuarta parte, como si le hubieran realizado un inmenso tajo. Esa forma le valía ese nombre: Acimut, no entendía bien la relación. Era uno de esos edificios que se empeñan en hacer, destruyen edificios con valor histórico, y en su lugar les dan encargos a arquitectos de dudoso gusto, para que levanten estas moles inmensas y absurdas. El bloque en sí, sufría un clamoroso abandono y su aspecto de edificio moderno de diseño no invitaba a vivir en él. Busqué los buzones, donde suelen estar las direcciones. Ya tenía una corazonada, efectivamente, en un apartamento de un piso superior, estaba su nombre: JUAN.

               Había estado especialmente torpe. Uno de Acimut + Navegante = JUAN
Las pistas, eran muy fáciles para que yo las encontrara con algún esfuerzo; seguramente difíciles, para otros que vinieran de fuera de la ciudad, claramente había una intención de ocultarlo a los demás. Ahora faltaba determinación , El sobre azul, lo debería de tener Juan. Subí a la planta, toqué repetidas veces a la puerta, no había timbre. Nadie abría. Lo había visto por la calle, unos días antes, ¿Me reconoció? Fui a ese mismo lugar, allí tenía que haber algo que le interesara.

               Bueno, aquí me crucé con él. Era una de las tantas encrucijadas de esa ciudad, donde miles de personas se observan a diario sin mediar palabra, incapaces de dejar de correr. Miles de destinos que se sobreponen en décimas de segundo, seguramente sin saber bien por qué no detenerse un momento a intercambiar unas palabras.




                 Caminé un tiempo, en el sentido en que me pareció que Juan lo hacía ese día. Después de no demasiado tiempo. No tardé en percatarme de algo que me llamó la atención:
                                                             COMEDOR SOCIAL 
              Era un lugar apropiado, dado el estado en que lo vi. Muchas personas alejadas del ritmo social. Justo al final, estaba allí: perdido, mirando a un infinito que no existía, lejos de todo. No tardó en salir. Me puse, ante él. Una leve sonrisa más de estupidez y miedo, quise ser agradable:
            - Soy Carla, la hija de   Rosa  ¿te acuerdas de mí?
Su mente pareció recorrer unos espacios vacíos que llevaban mucho tiempo, buscando algo que los llenara. Así comenzó una rara relación, llena de viajes al pasado. Me encontré un ser que se asomaba por un precipicio peligroso de soledad y de locura. Su mente comenzó a definir heridas y deseos del pasado, dentro de una niebla de inseguridades. Además de mi madre, llegaron los recuerdos de Valeria la mujer que buscó en la lejana Ciudad del hielo, la muerte de mi madre, la Indiferencia que duele,.. repetía las ideas, las confundía, en ocasiones era yo misma su narradora,.. Nos sentamos en un mirador, allí esperamos que la tarde se volcara entre las montañas, igual que su mente perdida...
              - Juan mi madre me habló de Un sobre azul, ¿tú sabes algo? - negó con la cabeza inseguro, tal vez asustado. Tenía claro que me estaba mintiendo.




                                                                                Continuará...