domingo, 24 de julio de 2011

Amancio Prada

     En muchas ocasiones, nos olvidamos de la música que no nos llega por los habituales cauces comerciales, uno de estos casos es la de Amancio Prada, gran desconocido, creo, para una gran parte de los melómanos.
     En su música, de raíces populares, tienen cabida composiciones enteramente propias y canciones basadas en textos de los más diversos poetas antiguos y modernos, entre los que cabe citar a Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Agustín García Calvo y Chicho Sánchez Ferlosio.


  •     Mención aparte merece su celebrada versión para voz, guitarra, violín y violoncello del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, que ha merecido varias reediciones. Basdo en el bíblco Cantar de los Cantares. Como este poeta es uno de mis grandes admirados por la profunda expresividad de sus versos, además se dice que concibió gran parte de su obra en el Carmen de los Mártires de Granada, lugar único, donde está plantado un cedro por su propia mano. Me gustaría que leyeras y escucharas estos versos, profundo misticismo que puede también interpretarse en su vertiente humana, sin vínculo espiritual:

Esposa:

 ¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido. 

 Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero. 

 Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras. 

(Pregunta a las Criaturas)

 ¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado! 

(Respuesta de las Criaturas)

 Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura. 
 
 
  • No podemos olvidar algunas de las adaptaciones de poetas modernos, como ya
    mencioné anteriormente:Un bello ejemplo es el poema de Rosalía de Castro,
    Adiós, ríos; adiós fontes que es una dedicatoria a los que abandonan, por
    diversos motivos, su hogar y un homenaje a su tierra y lengua propia. Con
    la publicación de Cantares Gallegos en el año 1863 y de Follas novas en 1880
    se alcanzó el momento culmen del Rexurdimento de las letras gallegas,
    así como se marcó un punto de inflexión en la historia de la literatura
    gallega. Con un elevado ejercicio lingüístico y literario, la escritora
    prestigió al gallego como lengua literaria.
     
    Adiós, ríos; adios, fontes;
    adios, regatos pequenos;
    adios, vista dos meus ollos: 
    
    non sei cando nos veremos.
    
    Miña terra, miña terra,
    terra donde me eu criei,
    hortiña que quero tanto,
    figueiriñas que prantei,
    prados, ríos, arboredas,
    pinares que move o vento,
    paxariños piadores,
    casiña do meu contento,
    muíño dos castañares,
    noites craras de luar,
    campaniñas trimbadoras,
    da igrexiña do lugar,
    amoriñas das silveiras
    que eu lle daba ó meu amor,
    camiñiños antre o millo,
    ¡adios, para sempre adios!
    
    ¡Adios groria! ¡Adios contento!
    ¡Deixo a casa onde nacín,
    deixo a aldea que conozo
    por un mundo que non vin!
    Deixo amigos por estraños,
    deixo a veiga polo mar,
    deixo, en fin, canto ben quero...
    ¡Quen pudera non deixar!...
    Mais son probe e, ¡mal pecado!,
    a miña terra n'é miña,
    que hastra lle dan de prestado
    a beira por que camiña
    ó que naceu desdichado.
    Téñovos, pois, que deixar,
    hortiña que tanto amei,
    fogueiriña do meu lar,
    arboriños que prantei,
    fontiña do cabañar.
    Adios, adios, que me vou,
    herbiñas do camposanto,
    donde meu pai se enterrou,
    herbiñas que biquei tanto,
    terriña que nos criou.
    Adios Virxe da Asunción,
    branca como un serafín;
    lévovos no corazón:
    Pedídelle a Dios por min,
    miña Virxe da Asunción.
    Xa se oien lonxe, moi lonxe,
    as campanas do Pomar;
    para min, ¡ai!, coitadiño,
    nunca máis han de tocar.
    Xa se oien lonxe, máis lonxe
    Cada balada é un dolor;
    voume soio, sin arrimo...
    ¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
    
    ¡Adios tamén, queridiña!...
    ¡Adios por sempre quizais!...
    
    Dígoche este adios chorando
    
    desde a beiriña do mar.
    Non me olvides, queridiña,
    si morro de soidás...
    tantas légoas mar adentro...
    ¡Miña casiña!,¡meu lar!