La visita a Bilbao está totalmente justificada con la sola contemplación del Museo Guggenheim, edificio ciertamente emblemático. Conocía lo que todos vemos en publicidad y televisión, pero cuando lo visitas, el edificio de Gehry, resulta más fascinante que como te lo has podido imaginar. Lo externo es llamativo e impresionante, pero aún es más su interior y concepción. La materia del tiempo de Richard Serra, por mucho que te la expliquen, te deja pasmado. Es de esas veces en las que un amigo de la infancia sentenciaba "La mente humana no tiene límites".
Además, la reordenación de las márgenes de la Ría es un buen ejemplo de la reinterpretación de los espacios urbanos. Aunque la proliferación de edificios mastodónticos en las proximidades, empieza a ser preocupante: no nos olvidemos de la gallina de los huevos de oro, que tantos desastres ha dejado por estos lares. Pero creo que Bilbao presenta otros innumerables atractivos que me gustaría comentar.


Algunos negocios del recinto ayudan a su singilaridad: cafetería, librería, polideportivo, mediateca,...
Otro lugar para mí imprescindible es Plaza Nueva de 1849. Una de esas plazas porticadas que , afortunadamente, hacíamos antaño. En los soportales hay distintas tascas, con diferentes ambientes en los que puedes degustar los famosos pintxos y vinos riojanos. Aquí el vino es más popular que la cerveza, al contrario que hoy en Andalucía. El clima. Un buen sitio es Sorginzulo, 12, sus camareros mejorables, pero la calidad es correcta.
Para comer al mediodía recomiendo, Bar Vienés en Iparraguirre Kalea, buen precio, buena comida y mejor trato. Cocina vasca sencilla.
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