Una de las experiencias más fascinantes en la historia de la literatura ha sido, sin duda, cuando se asomó al abismo del Romanticismo. Un movimiento de la segunda mitad del siglo XIX. Individuos cegados por su pasiones que se mueven en lugares lejanos en el espacio y en el tiempo. Así la lejana Edad Media, tan poco dada a ser interpretada por los cauces razonables, era un lugar codiciado y admirado por los escritores de este periodo ...

Gustavo Adolfo Bécquer
Bécquer, al que ya le dediqué otra entrada, con sus Leyendas compuso uno de los más bellos panoramas referidos a este periodo. Una de las leyendas más representativas e interesantes, El miserere. Me gustaría referirme a ella en esta entrada y, además, a las adaptaciones de otros grandes artistas una a la cinematografía y otra a la historieta gráfica o tebeo.
Gustavo Adolfo Bécquer
Bécquer, al que ya le dediqué otra entrada, con sus Leyendas compuso uno de los más bellos panoramas referidos a este periodo. Una de las leyendas más representativas e interesantes, El miserere. Me gustaría referirme a ella en esta entrada y, además, a las adaptaciones de otros grandes artistas una a la cinematografía y otra a la historieta gráfica o tebeo.
Miserere mei, Deus,
secundum magnam misericordiam tuam
et secundum multitudinem miserationum tuarum
dele iniquitatem meam.
SALMO 50
- Leyenda: El miserere es un salmo. En la leyenda de Bécquer nos trasladamos a un Jueves Santo en el período medieval para conocer a un músico alemán peregrino que, en el Monasterio o abadía de Fitero, busca redención por la comisión de un crimen interpretando un miserere. El conocimiento de una misteriosa historia sobre unos monjes asesinados allí mismo, precisamente durante la noche del Jueves Santo por el hijo de un señor del lugar, que construyó el monasterio con los bienes que tendría que dejar de herencia a su hijo. Esos monjes, vuelven a entonar de forma fantasmagórica el canto del miserere. El músico se dirige a las ruinas del monasterio...
Hace algunos meses que, visitando la célebre abadía de Fitero y ocupándome en revolver algunos volúmenes en su abandonada biblioteca, descubrí en uno de sus rincones dos o tres cuadernos de música bastante antiguos cubiertos de polvo y hasta comenzados a roer por los ratones.
Era un Miserere.

Consecuente con mi manía, repasé los cuadernos, y lo primero que me llamó la atención fue que, aunque en la última página había esta palabra latina, tan vulgar en todas las obras, finis, la verdad era que el Miserere no estaba terminado porque la música no alcanzaba sino hasta el décimo versículo.
Esto fue, sin duda, lo que me llamó la atención primeramente; pero luego que me fijé un poco en las hojas de música me chocó más aún el observar que, en vez de esas palabras italianas que ponen en todas, como maestoso, allegro, ritardando, più vivo, a piacere, había unos renglones escritos con letra muy menuda y en alemán, de los cuales algunos servían para advertir cosas tan difíciles de hacer como esta: Crujen..., crujen los huesos, y de sus médulas han de parecer que salen los alaridos, o esta otra: La cuerda aúlla sin discordar, el metal atruena sin ensordecer; por eso suena todo y no se confunde nada, y todo es la humanidad que solloza y gime, o la más original de todas, sin duda, recomendaba al pie del último versículo: Las notas son huesos cubiertos de carne; lumbre inextinguible, los cielos y su armonía...; ¡fuerza!..., fuerza y dulzura.
-¿Sabéis qué es esto? -pregunté a un viejecito que me acompañaba al acabar de medio traducir estos renglones, que parecían frases escritas por un loco.
El anciano me contó entonces la leyenda que voy a referiros.
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