martes, 7 de junio de 2011

Relatos fantásticos


      La literatura nos invita a penetrar en una realidad profunda que se encuentra más allá de nuestros sentidos, las grietas que el género fantástico nos ofrecen de esa realidad son escalofriantes. En un mundo que ansiamos de seguridades y certidumbres, irrumpe otro mundo de origen oscuro, aunque de orden interior, que desata el conflicto, hace tambalearse los esquemas con que apresamos la realidad y nos sume en la incertidumbre y el desasosiego. La presencia del Mal y el Horror planea  por todos los intersticios del relato con el atractivo de lo misterioso, lo oculto, lo abismal, lo inexplicable...




 "Al sacar la petaca miré hacia las casas y, según miraba, sentí que se me cortaba la respiración y que misdientes empezaban a castañetear, y el bastón que llevaba en una mano se partió en dos del apretón que le di. Fue como si una corriente eléctrica me bajara por el espinazo y, sin embargo,durante algún tiempo, que me pareció largo, aunque debió de ser muy corto, me contuve preguntándome qué diablos ocurría.Entonces comprendí lo que había hecho estremecer mi corazón y había helado mis huesos de angustia. Al mirar en dirección a la última casa de la manzana frente a mí, en la corta fracción de un segundo, había visto un rostro en una de las ventanas superiores de la casa. Era un rostro de mujer, y, sin embargo, no era humano. Usted y yo, Salisbury, hemos oído hablar en nuestra época, cuando nos sentábamos en los bancos de la iglesia al sobrio estilo inglés, de una concupiscencia que no puede saciarse y de un fuego inextinguible, pero ni uno ni otro teníamos la menor idea de lo que esas palabras querían decir..."

                                                    la luz interior de Arthur Machen 






"...Distinguí a lo lejos la masa oscura de mi jardín y, sin que yo supiese de dónde me venía, se apoderó de mí un malestar al pensar que tenía que entrar en él. Acorté el paso. La temperatura era muy suave. Aquella gruesa mancha del arbolado parecía una tumba dentro de la cual estaba sepultada mi casa.
Abrí la puerta y penetré en la larga avenida de sicomoros que conduce hasta el edificio y que forma una bóveda arqueada como un túnel muy alto, a través de bosquecillos opacos unas veces y bordeando otras los céspedes en que los encañados de flores estampaban manchones ovalados de tonalidades confusas en medio de las pálidas tinieblas.
Una turbación singular se apoderó de mí al encontrarme ya cerca de la casa. Me detuve. No se oía nada. Ni el más leve soplo de aire circulaba entre las hojas. "¿Qué es lo que me pasa?", pensé. Muchas veces había entrado de aquella manera desde hacía diez años, y jamás sentí el más leve desasosiego. No era que tuviese miedo. Jamás lo tengo durante la noche. Si me hubiese encontrado con un hombre, con un merodeador, con un ladrón, todo mi ser físico habría experimentado una sacudida de furor y habría saltado encima de él sin la menor vacilación. Iba, además, armado. Llevaba mi revólver, porque quería resistir a aquella influencia recelosa que germinaba en mí.
¿Qué era aquello? ¿Un presentimiento? ¿El presentimiento misterioso que se apodera de los sentidos del hombre cuando va a encontrarse frente a lo inexplicable? ¡Quién sabe! ..."
                                            
                                                              ¿Quién sabe? de Guy de Maupassant