jueves, 17 de febrero de 2011

Tres elegías para un poeta

  La elegía1 es una composición poética en la que se lamenta la muerte de alguien.
  El mismo Federico García Lorca nos dejó una en 1935: «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», dedicada al torero2.
  Poetas con los que compartió «generación poética», como Rafael Alberti y Luis Cernuda o lejana amistad como Antonio Machado, le dedicarían similares composiciones a causa de su precipitada e injusta muerte.


   Tres poetas andaluces que, como Lorca, se adentraron en el mundo visionario y tan poco considerado como es la poesía3. Todas expresan emotivamente la pérdida de un ser querido, del compañero y amigo; pero también, gracias a la poesía, pueden ayudarnos a rechazar las posiciones intransigentes. Antonio Machado lo expresaba «sólo valoro de mi obra el haber trabajado con sincero amor para futuras y más robustas primaveras»4.

       Antonio Machado (1875-1939) le dedica un poema dividido en tres partes llamado «El crimen fue en Granada», escrito en noviembre de 1936 en el pueblecito cercano a Valencia de Rocafort. Pertenece al libro «Poesías de la guerra» (1936-1939), obra miscelánea con tonos líricos y amargos que reflejan su presente.

                        El crimen fue en Granada
                                                  A Federico García Lorca

          I
(El crimen)
Se le vio caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aun con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz. asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-
...Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada...



          II
(El Poeta y la Muerte)
Se le vio caminar solo con Ella
sin miedo a la guadaña.
-Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque- yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabello que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»


       III
Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!



  Las tres partes están relacionadas por su primero y último versos: la idea del camino, tan 
importante en la obra machadiana, y la referencia a Granada, nombre que parece 
resonar sempiternamente tras la lectura, como un lamento que permanece.

   Yo resaltaría la segunda parte porque existe un diálogo con la muerte, una personificación 
de ésta, que es un recurso tradicional de nuestro Romancero; además délas constantes 
resonancias lorquianas: yunque, fraguas, gitana,....

  La elegía utiliza su peculiar silva-romance de versos heptasílabos y endecasílabos, con 
la rima regular del romance. Hay una ruptura de este esquema en los versos centrales 
de la primera parte, que son octosílabos. Machado quiere resaltar el momento trágico del fusilamiento.

   La tercera es una llamada de atención a los lectores, con los que parece
anhelar la eternidad de ese túmulo «de piedra y sueño». Aquí encontramos
una de las características fundamentales de su poética que es la consideración
de poesía «para el pueblo» y como «palabra en el tiempo».5


       Luis Cernuda6 (1902-1963) escribió «A un poeta muerto » (F.G.L.) en Valencia del 19 al 23 de Abril de 1937. Pertenece al libro «Las nubes» (1937-1940) que recoge los primeros momentos de su destierro.

   El poema consta de 98 versos, reproduzco las dos primeras estrofas y las dos últimas por motivos estrictamente de espacio, ya que es la más bella de las tres:


«Así como en la roca nunca vemos la clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.
Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.
(...)
Tenga tu sombra paz.,
Busque otros valles,
Un río donde el viento
Se lleve los sonidos entre los juncos
Y lirios y el encanto

Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana rueda,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.
Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.»


   Las primeras estrofas muestran las llagas duras de la Guerra Civil, el
enfrentamiento entre los distintos bandos, la intolerancia, el odio que todavía
no ha cesado, «pueblo hosco y duro», «tierra árida», «oscuro aire», «odio»,...
incluso el tema, tan machadiano, del cainismo: «con su piedra en la mano» es
la España fratricida.

   Los dos últimos parecen buscar cierta esperanza «Busque otros valles»
que parece una exaltación metafísica hacia un orbe más perfecto que nos re-
cuerda al Edén bíblico o al «locus amoenus» de la literatura clásica.

   Cernuda quiere zafarse de los tópicos, tan desgraciadamente utilizados
hoy, con la muerte de Lorca y centrarse en el poeta y ser humano. No olvidemos la emoción de Cernuda por la ausencia de su país, al que tantos versos
dedica. Después de la guerra su poesía adquiere un cierto enriquecimiento
temático. Aparece la triste experiencia del destierro -ya experimentado anteriormente en la intimidad. En este libro hay versos llenos de emoción recordando su patria perdida.


       Rafael Alberti (1902) escribió «Elegía a un poeta que no tuvo su muerte» perteneciente al libro «Capital de la Gloria» (1936-1938) que el mismo
define: «Soy uno de los directores del Mono Azul, hojas que llegaron a ser
muy populares en el frente, sobre todo por la publicación del Romancero de la
Guerra Civil. Fusilamiento de F.G.L.. en Granada. En medio de un Madrid
casi cercado, escribo, celebrando su inmortal defensa, numerosos poemas que
agrupo bajo el título de Capital de la Gloria.»


              ELEGÍA A UN POETA QUE NO TUVO SU MUERTE
                                                     (FEDERICO GARCÍA LORCA)


No tuviste tu muerte, la que a tí te tocaba.
Malamente, a sabiendas, equivocó el camino.
¿Adónde vas? Girando, por más que aligeraba,
no paré tu destino.
¡Qué mi muerte madruga! ¡Levanta! Por las calles,
los terrados y torres tiembla un presentimiento.
A toda costa el río llama ma a los arrabales,
advierte a toda costa la oscuridad al viento.
Yo, por las islas, preso, sin saber que tu muerte
te olvidaba, dejando mano libre a la mía.
¡Dolor de haberte visto, dolor, dolor de verte
como yo hubiera estado, si me correspondía!
Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria,
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.
Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso le esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida.


   Alberti quiere expresar el profundo dolor que le causa la muerte de un
gran amigo, con el que se había reunido en el centenario de Góngora en el
Ateneo de Sevilla en 1927.Unos meses antes Federico le había brindado, en
nombre de todo el grupo, un gran homenaje en Madrid tras el último regreso
de Alberti de Rusia y México.

   El poema parece reconocer que la muerte de Lorca estaba reservada
para el propio Alberti7:


«No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba.
Malamente a sabiendas, equivocó el camino».
(...)
«¡Dolor de haberte visto, dolor, dolor de verte
como yo hubiera estado, si me correspondía!»

   En la última estrofa aparece la promesa de vivir y de merecer vivir la
vida que le correspondía a Lorca. Además de dolor por la muerte aquí aparece
cierta «culpabilidad». Yo destacaría la sinceridad y emoción que podemos
entrever en estos versos.

   Alberti tras su incursión en la métrica innovadora vuelve en esta época
a lo clásico, el poema utiliza el serventesio y el verso alejandrino.




NOTAS
 1.                 Elegía (etm. del latín) Elegía, deriva del elegos, llanto canción fúnebre. Las elegías expresan el dolor producido por un suceso desgraciado. Según Navarro Ledesma, ese dolor, ha de ser expresado con tanta fuerza que a todo el mundo afecte. Se trata por tanto de una poesía de dolor, de una composición íntima y personal a la que exhala el poeta sus propias penas dirigidas al espíritu humano (a un colectivo).
   Las elegías pueden ser muy variadas (apasionadas, heroicas, familiares,...).Para hablar de ellas tenemos, en español, que remontamos al Romancero, Jorge Manrique, Garcilaso, Herrera, Francisco de la Torre, Moratín, J.R. Jiménez,...
    El primer poema de este género, según José Cuadros en su artículo: Cuadros, J.J.. En-torno a una elegía: «Verte y no verte», de R. Alberti, C.H.A.., LXVIII,, 1966 pág.180189, Madrid, se escribe en castellano a mediados del siglo XIV el cual va dirigido a Trotaconventos la sabia y viaje alcahueta del discretísimo Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. (Para el estudio de los poetas elegiacos españoles puede verse la Hª de la literatura española de Ticknor, Fitz, Murice-Kelly- traducción de Bonilla de Jau Martín, Madrid- y Amador de los Ríos). 
2.       Ignacio Sánchez Mejías que tenía cartel de buen torero por su personalísimo estilo de torear, comprometía su existencia cada día, cada hora, cada minuto. Ignacio se acercó a la tragedia con el leal propósito de cumplir con su deber aunque tal propósito le hiciera sucumbir para siempre» (palabras del crítico taurino Corinto y oro» aparecidas en Nuevo Mundo que recoge Guillermo Díaz Plaja en su libro sobre F.G.L. 
3.       Poesía, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es la expresión artística de la belleza por medio de la palabra sujeta a la medida y cadencia de que resulta el verso. Antonio Machado la define como «honda palpitación del espíritu», idea que completa con «lo que pone el alma al contacto del mundo.» 
4.       En el artículo de José María Valverde «Evolución del sentido espiritual de la obra de Antonio Machado». 
5.       MACHADO, A.: Sobre la defensa y la difusión de la cultura. Discurso pronunciado en Valencia en la sesión de clausura del Congreso Internacional de Escritores, En Hora de España, II, Febrero, 1937, pág. 203 y 204. 
6.       Derek Haarris editó (en el tomo Luis Cemuda, El Escritor y la crítica, Madrid, Taurus, 1977) una primitiva versión de esta elegía del todo diferente a la definitivamente escrita en el otoño del 36. 
7.       Pablo Neruda en su artículo Federico García Lorca, no III, 1937 en Hora de España pág. 225-238, explica, valiéndose de recuerdos y conversaciones con Lorca, que : «Pocos meses después partió García Lorca. Y allí, por extraña fatalidad, le esperaba la muerte, la muerte que reservaban a Alberti los enemigos del pueblo.»


BIBLIOGRAFIA

    a)             Para encontrar las elegías:

  • Poesías completas, Rafael Alberti, 1961, Buenos Aires, ed. Losada.
  • Las nubes, Luis Cemuda, 1984, Madrid ed. Cátedra, ed. de Luis Antonio de Villena.  
  • Poesía y prosa, Antonio Machado, 1984, Barcelona, ed. Bruguera, ed. de José Luis Cano.

     b)           Sobre la poesía:

  •        Martínez García, J.A.: Propiedades del lenguaje poético, Madrid, Editora Nacional,1981
  •        Lázaro Carreter, R: Estudios de poética, Madrid, 1976.

      c) Estudios concretos sobre elegías.
  •    «Hora de España» fue una revista mensual en cuyo subtítulo vemos «Ensayos, poesía  al servicio de la causa popular». Se publicó desde Enero de 1937 a Octubre de 1938. Forman 22 números.         
             *Véase notas 5,6,7.
  •        C.H.A. Comentario a unos pocos poemas de A. Machado, Luis Felipe Vivances, 1949, Nº ll-12.pag.563.
  •         RVL. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. 1959, n° 40, pag. 135-150, Buenos Aires.
  •       BSS. Cemuda, Luis, A. Machado y la actual generación de poetas, n° XVII, 1940,139-143 Liverpool.

Escrito por: Encarnación Escobar Montalbán y Diego Arturo González Lozano
Publicado Libro “Recordando a Federico” ISBN: 84-8254-988-X
Proyecto Sur de Ediciones, Edita IES Padre Manjón