martes, 13 de mayo de 2014

Caminos



    Están marcándonos el destino y nuestros sueños. Los seguimos indiferentes, alegres o  cabizbajos. Nos han servido, incluso, para reflejar nuestras vidas. Nos atraen, cuando son sinuosos y nos pueden sorprender. Esconden ese devenir de lo desconocido, lo llamativo, lo enigmático... El misterio que nos desvela que toda la existencia está marcada por un CAMINO:




   Él comenzó su andadura con cierta tristeza, sin atreverse a volver su mirada a todo lo pasado. Quería olvidarlo cuanto antes. Le pesaba como una inmensa carga que sabía difícil de eliminar. Encontró en aquella senda desconocida un lugar propicio para el olvido. La siguió, buscando en cada recodo una nueva sensación... No paraba de alejarse, pero desconocía su destino. Ni siquiera sabía que buscara algo. Se encaminaba a cualquier lugar lejano...









     Comenzó a notar las diferentes posibilidades de las rutas que te conducían hacia lugares cuya existencia desconocía. A veces los árboles, eran testigos mudos que lo acompañaban; otras las nubes parecían asomarse desde la cúspide de las montañas a observarlo con atención...
     Descubrió, por ejemplo, que siempre había lugares que le facilitaban el descanso: unas rocas que parecían querer protegerle del viento, unos árboles que le daban sombra los días en que el sol parecía querer quemarlo todo con su luz, la hierba que le facilitaba el descanso,...






















      Y seguramente, lo mejor era descubrir que detrás de cada curva, se abría una inmensa posibilidad, todo parecía cambiar pero también sabía mantenerse. Los paisajes se sucedían pero se transformaban... Las laderas buscaban por las pendientes la altura de las montañas; los llanos se mostraban abiertos para dejar que los arroyos se extendieran como cristales; los pedregales lo ocupaban todo e imponían su ley pétrea de difícil supervivencia; la Naturaleza mostraba, a cada instante, su diversidad.