lunes, abril 27

El insólito final del cuaderno del lazo azul


Ser un personaje de ficción es mucho más difícil de lo que pueda parecer. Por lo pronto, naces en la mente de alguien que tú no has elegido. A veces, si tienes suerte, pasas a la mente de otros por un proceso que han llamado imaginación. Todo normal. Aquí todo se ha complicado porque el autor ¿mi autor? está teniendo algunos problemas.

 

 
En esta ocasión, reconozco que me gusta el aspecto con el que se me ha creado. Soy una chica rubia con cara muy simpática y llevo casi siempre una boina roja lo que me parece un detalle francamente bonito. 
 
 
 
Este autor, ha comprobado que tengo un carácter marcado y que no voy a aceptar todo lo que él proponga sin más. Hemos tenido ciertas desavenencias con la localización de la historia. Él quería un entorno urbano de gran ciudad para que buscáramos parques en los que yo pudiera pasear. Yo le respondí que para eso, nos íbamos mejor a un lugar pequeño más en contacto con lo natural y que era lo mejor para los dos: para él, es un entorno diferente al que está acostumbrado y le iba a servir para desarrollar sus cualidades narrativas; para mí, porque soy un personaje que amo mucho todo lo que sea natural y prefiero lo auténtico. Además, creo que la lejanía con la Naturaleza es muy negativa para las personas y se están equivocando bastante. No lo veía muy claro, mi autor (lo voy a llamar así desde ahora) pero parece que le está gustando la idea.

En fin, vivo en una pequeña localidad con muy pocos habitantes, eso sí metida entre montañas, un marco increíble del que no puedo estar más contenta. Así que desde que ha empezado esta historia, estoy acostumbrada a salir a pasear por cualquier sitio sin más problema que las lógicas atenciones a los peligros que existen en los entornos naturales. Soy una profunda amante del contacto físico, y espiritual, con los bosques, los ríos, las montañas, sus sonidos, sus senderos, …



No hay mayor satisfacción en mi vida que buscar caminos alejados de cualquier signo de civilización y sentirme integrada en lo que nos ofrece el medio natural. Conozco muy bien los alrededores de la ínfima población en la que vivo, seguramente mejor que mis vecinos.

Mi afición, no me impide el contacto con las personas que viven a mi alrededor. Mi mejor amiga es una chica pelirroja de prácticamente mi edad y a la que conozco desde que éramos pequeñas o desde que ha empezado el relato, mejor; (disculpen que omita el detalle de la edad exacta y el nombre de las protagonistas porque creo que a mi autor se le ha pasado definirlos, hablaré de Ella o mi amiga).
 
 
 
Mi otra gran afición es la lectura, En un lugar tan pequeño es un tesoro buscar en los libros cientos de aventuras e ideas que te ayudan a viajar por otros lugares insospechados y ponerte el la piel de personajes de otros mundos, (efectivamente si lo han pensado, personajes como yo que nacemos en la mente de alguien pero que pasamos, espero que desde este instante, a la vuestra). La minúscula biblioteca, es el lugar que hemos encontrado las personas de parecida edad  para reunirnos y cambiar opiniones. Ella, como yo, somos las más asiduas y constantes, gracias a ello, nuestra amistad no ha parado de crecer. Muchas tardes salíamos juntas cuando el atardecer parecía ir apagando la luz del hermoso valle en el que vivimos.

Una tarde de las más frías del invierno, mi amiga llegó mucho más tarde de lo habitual y noté que había algo en su mirada que la tenía abstraída y preocupada. Cuando salimos, ya la oscuridad había impuesto su ley por todas las callejuelas. Ella seguía ensimismada y comencé a sentir un temor que no sabía bien definir. Cuando llegamos al portal de su casa, observé que sus ojos estaban humedecidos. Me pidió que quería que subiera a su casa, que me quería entregar algo.

Su casa era de las típicas de este lugar, por fuera de piedra maciza y por dentro la madera de los suelos y de casi todas las paredes, hacía que tuviera un sabor cálido y agradable. Ella me confesó que al día siguiente iría con su familia a la ciudad por un asunto importante. Me recordó el cariño que compartimos y lo importante que yo era en su vida. La verdad es que me di cuenta de que la quería y la persona tan increíble que es. 


Me entregó un cuaderno, muy bien atado con un bellísimo lazo de color azul. Me pidió que tan solo lo desatara y lo leyera si en el plazo de 30 días no había regresado. Así nos despedimos. Nos miramos y nuestros ojos apenas dejaban enfocar unas siluetas por el efecto de las lágrimas.


Las tardes empezaban a alargarse y yo también aumentaba la duración de mis paseos. Las montañas, su distinto color con el paso del día; el sonido armonioso y constante del agua cuando corría libre; mi pueblo donde me esperaba la paz y esa biblioteca, en la que descansaban miles de historias esperando que tú las liberaras


No dejaba de pensar en mi amiga, los primeros días aguardaba con normalidad su regreso. Siempre cogía el cuaderno y lo abrazaba. 
 
 
 
Pero, los días pasaban como piedras que se arrastraban por los caminos, y no había ninguna novedad. Reconozco que empecé a sentir una gran angustia que empezaba a aparecer por las noches con la imagen de Ella sufriendo. Quince días. Veinte días. Veinticinco días. La inquietud se convertía en un desasosiego total.

Llegó el día número treinta …

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Uffff mi autor, al que tenía un poco olvidado, me confiesa que no sabe cómo acabará esta historia. Bueno, pienso que es una cuestión de ser paciente darle un tiempo razonable y ya tendremos final.

Pasa el tiempo, también en la esfera de la inspiración inmaterial etérea de la mente y nada, no hay avances. Reconozco que esta situación sí que me ha dejado fuera de mi sitio habitual.

Sin avances en el mundo de la imaginación. Nunca he vivido nada así. He sido protagonista en una pandilla de chicas, en una serie; amada princesita del más pesado, pedante y aburrido príncipe, en un cuento medieval; profesora de matemáticas para niñas pijas, en una fotonovela; … y qué sé yo los personajes que todavía pueden venir.  Pero nunca, nunca, NUNCA, NUNCA me había pasado esto. No sé cómo acaba.

Mi autor sigue perdido, no veo cómo podemos arreglar este desaguisado. Dice que tiene ciertos problemas de identidad, otros propios de la edad, otros financieros y que no le permiten concentrarse. (Personalmente creo que sus problemas son de lo que podríamos llamar, domésticos). En cualquier caso me gustaría hacer una llamada por todos lados:

 NECESITAMOS UN FINAL

Las imágenes han sido generadas por IA

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