
Entre ellos, había cuentos populares, como Rumpelstikin, La esmeralda mágica o El hombre del saco, pero también El gigante egoísta de Oscar Wilde o el cuento, más reciente, de La fábrica de las palabras, de Agnès de Lestrade y Valeria Docampo.
Las cartulinas que les hemos dado a los alumnos pueden estar ya preparadas o la pueden preparar ellos. Para aligerar la tarea, las hemos preparado previamente: se realiza un círculo de 10 centímetros de radio en el centro y a partir del punto central se divide la cartulina en tres fragmentos, con una línea central y dos que vayan a las esquinas, tal y como se puede ver en la imagen.

A partir de aquí, pegaremos por detrás con fiso/celo y pediremos a los niños que relacionen el planteamiento de un cuento, el nudo de otro y el desenlace de otro. Después, lo que escriban en los círculos, trazando un sistema de lectura como el que se ve con las flechas de la imagen anterior. El resultado será un cuento nuevo, creado por ellos y en el que habrán tenido que trabajar la coherencia entre tres fragmentos dispares.
De manera general, los alumnos han disfrutado del trabajo en equipo y se ha propiciado la participación de todos junto a la integración y la creación de nuevos vínculos en el grupo. Además, aunque les haya podido resultar complicado enlazar los tres fragmentos o se hayan quejado de la dificultad, se han esforzado en hacerlo y en crear algo nuevo, observando así que son capaces de hacer más cosas de las que piensan.
Este cuento ha sido uno de los resultados:
La niña mágica
-Eso es admirable. SI realmente tu hija puede hacer lo que dices, llévala mañana a palacio.
Cuando llegó la muchacha ante el rey, este le puso a trabajar aunque no sabía cómo convertir la hierba seca en oro. De repente, apareció un hombre...
...gigante y la puso a trabajar para él. Al estar encerrada esta mujer mágica, todo se volvió triste. La tuvo encerrada muchos años.
Entonces nunca llegó la primavera ni el verano. Un día, el gigante se levantó y escuchó el canto de un pájaro, después se asomó a la ventana y vio a los niños jugando y comprendió la razón por la que nunca llegaba la primavera ni el verano.
Se llevó a la niña a otro sitio y para ganar dinero metió a la niña en el saco y la puso a cantar. Así todos pensaban que el saco era mágico y le daban dinero por ello.
El hombre del saco se la llevó a una casa donde la niña era conocida. Cuando oyeron la voz de la niña corrieron a llamar a su familia. EL viejo fue a comprar vino para la cena, entonces el padre sacó a la niña y metió a un gato y a un perro. Como el saco no cantaba, el hombre le dio patadas. Entonces, abrió el saco y el gato y el perro le mordieron y le arañaron. Finalmente, lo metieron en la cárcel.
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