lunes, mayo 27

Poetas en el exilio (Generación del 27)


       La Guerra Civil Española supuso la salida de un número indeterminado de personas que tuvieron que buscar fuera de sus fronteras la tranquilidad que no tenían en las propias. Miles de compatriotas, comenzaron un largo camino, desde 1939 a 1977, el llamado exilio republicano español





       Países próximos, como los europeos, y otros más lejanos, como los americanos, los recibieron: una nueva vida para la mayoría con el recuerdo intenso de la tierra natal. Muchos fueron los artistas que salieron; entre ellos un número importante de poetas. De algunos de ellos me gustaría hablar.

        Para ilustrar esta entrada, me gustaría mostraros las magníficas versiones de algunos  poemas realizadas por el cantautor español Paco Ibáñez. (El 29/5/2011 el Movimiento llamado 15M, lo revaloriza con un recital; aunque hay modas, se recupera siempre lo que merece la pena) Son:


  •      Luis Cernudapoeta español, uno de los más destacados de la Generación del 27. Nació en Sevilla (1902)), hijo de un padre militar, y se educó en un ambiente de rígidos e intransigentes principios. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla y allí conoció a Pedro Salinas, que fue su profesor. En los años veinte se traslada a Madrid, donde entra en contacto con los ambientes literarios de lo que luego se llamará Generación del 27. Pasa un año como lector de español en la Universidad de Toulouse. Al proclamarse la República, la recibe con ilusión, y siempre se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Durante la Guerra Civil participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, y en 1938 fue a dar unas conferencias a Inglaterra, de donde ya no regresó a España, iniciando un triste exilio: Inglaterra, Escocia y, desde 1952, México. Su primera obra, Perfil del aire (1927), estaba en la línea de la poesía pura. De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929), influido por el surrealismo. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso. Desde 1936 agrupa toda la poesía que va produciendo bajo el título La realidad y el deseo, al que va añadiendo poemas. En el exilio publicó Las nubes (1940), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1962). También escribió interesantes ensayos literarios y colaboró en revistas y periódicos mexicanos como Excélsior o Novedades. Murió en la ciudad de México (1963). 


    •  UN ESPAÑOL HABLA DE SU TIERRA, fijaos en este precioso poema lleno de dolor por la tierra perdida y en la que resalta detalles que  definen lo que alguien ha llamado el espíritu ibérico: playa, vega,sol, castillo, hombres, caínes ...                                                              

Las playas, parameras
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;
Los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo,
Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.
Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.
Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.
Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.
Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto?
 de  Las nubes (1940)

Otros poemas de Cernuda con música.
  •     Rafael Alberti, poeta español (Puerto de Santa María 1902). En 1920 escribió algunos de los poemas recogidos luego en Poemas anteriores a Marinero en Tierra (1969). En 1925 apareció Marinero en tierra, poemario que le valió el premio nacional de literatura, compartido con Gerardo Diego, y en el que se alían experiencias personales con influencias de Gil Vicente y de los cancioneros musicales de los ss. xv y xvi. Romanticismo y surrealismo se han detectado en uno de sus títulos señeros: Sobre los ángeles (1929), fruto de una honda crisis moral y sentimental. Viene luego la etapa de «el poeta en la calle», de la poesía «civil», que testimonia su incipiente compromiso político: Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos y Con los zapatos puestos tengo que morir (1930). Fundó y dirigió la revista Octubre con su compañera María Teresa León. En 1931 ingresó en el Partido Comunista de España (del que en 1983 llegaría a ser fugaz diputado por Cádiz) y ensayó el teatro vanguardista y comprometido: su «romance de ciego» escénico Fermín Calán, el auto sacramental El hombre deshabitadoTras la guerra civil, después de residir en otros países, se instaló en Argentina donde su obra creció de forma decisiva, señalada por el sentimiento del destierro: Coplas de Juan Panadero, Retornos de lo vivo lejano y la obra en prosa La arboleda perdida, libro de memorias, y en teatro El adefesio (1 944) y Noche de guerra en el museo del Prado (1956). En 1963 fijó su residencia en Roma, ciudad que evoca en los versos de Roma, peligro para caminantes (1968). En 1983 se le otorgó el Premio Miguel de Cervantes. Murió en España en 1999.
    • BALADA DEL QUE NUNCA FUE A GRANADA, como verás, es un poema llenos de tristeza por la ausencia de esos lugares perdidos, melancolía que pesa más, cuando no puedes pisar tu propio patria. Aunque él afortunadamente, fue a esa tierra, la mía, el día   26 de febrero de 1980, gracias  a los cambios políticos en nuestro país.





                                    ¡Qué lejos por mares, campos y montañas!
                                    Ya otros soles miran mi cabeza cana. Nunca fui a Granada.
                                    Mi cabeza cana, los años perdidos.
                                    Quiero hallar los viejos, borrados caminos.
            Nunca vi Granada.
.
                                    Dadle un ramo verde de luz a mi mano.
                                    Una rienda corta y un galope largo.
                                    Nunca entré en Granada.
                                   ¿Qué gente enemiga puebla sus adarves?
                                  ¿Quién los claros ecos libres de sus aires?
                                                                         Nunca fui a Granada.
.
                                   ¿Quién hoy sus jardines aprisiona y pone
                                   cadenas al habla de sus surtidores?
                                                                          Nunca vi Granada.
.
                                   Venid los que nunca fuisteis a Granada.
                                   Hay sangre caída, sangre que me llama.
                                                                          Nunca entré en Granada.
.
                                   Hay sangre caída del mejor hermano.
                                   Sangre por los mirtos y aguas de los patios.
                                                                          Nunca fui a Granada.
.
                                   Del mejor amigo, por los arrayanes.
                                   Sangre por el Darro, por el Genil sangre.
                                                                          Nunca vi Granada.
.  
                                   Si altas son las torres, el valor es alto.
                                   Venid por montañas, por mares y campos.
                                                                          Entraré en Granada.
                       de Baladas y canciones del Paraná (1954)


     Me gustaría con estos poemas recordar a todos los que viven lejos del lugar donde han nacido, y especialmente a los miles de españoles que están diseminados por esos mundos, y llevan un poco de este país  aprisionado en el interior de su corazón. 

             

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