miércoles, abril 22

2. Pu(n)to fatídico. Ekon

 

Me llamo Ekon, nací en la isla de Bioko en Guinea Ecuatorial, es un lugar selvático y por eso muchos me dicen que tengo un carácter poco convencional. Con mucha facilidad paso de la tranquilidad a la furia; eso dicen, no lo sé, creo que ser algo rebelde me ha ayudado mucho a destacar en el fútbol.

 

Llegué aquí para vivir con unos familiares. Había practicado en mi país diversos deportes, se me daba bien todo lo relacionado con la actividad física. A través de una parroquia comencé a jugar a fútbol. No destacaba demasiado al principio, pero gracias a que soy muy tozudo y a las buenas personas que me rodeaban y no dejaban de apoyarme, empecé a ser uno de los jugadores más importantes del equipo. No me vean como un ser arrogante,  esto lo cuento aquí por ellos, por los que me han ayudado. Sé que para muchos soy insoportable y bastante chulo pero no dejo de tener sentimientos.

Tenía una gran fortaleza física y eso me permitía rematar el balón de cualquier postura. Vinieron contratos. Entré en la élite de la ciudad. Allí conocí a Thiago. El entrenador que nos subió decía que si se pudiera unir la visión de juego de Thiago y mi fortaleza física, tendríamos al jugador perfecto. Fuerza e inteligencia. León y zorro. Nos reíamos con esta ocurrencia. Aunque esté feo que yo lo diga, éramos un dúo excepcional, sé que a mucha gente les animaba vernos jugar. En ese momento, comenzamos a quedar después de los entrenamientos. Nos reíamos mucho, imitábamos al entrenador y a otros compañeros. Nos hicimos amigos inseparables. 

Yo reconozco que he envidiado mucho a Thiago, era un caballero con su técnica: pases perfectos por los huecos, sus cambios de ritmo, su caballerosidad,... Además, no se solía enfadar nunca. En el juego conoces cómo son las personas en la vida normal. Los hay en los que siempre puedes confiar, amables, solidarios, humanos,...; pero también encuentras los egoístas y que solo piensan en sí mismos, no tienen conciencia de equipo ni de colectividad, si ganan es por ellos y si pierden es por los demás. Yo soy de los segundos, lo reconozco soy sincero; pero Thiago era un ser encantador, del primer grupo.

Nuestra amistad crecía, Nos sentíamos como los dueños de todo. Las circunstancias nos encumbraron … Nos equivocamos … Nos separamos y escondíamos un secreto.

En nada de tiempo, cada uno recaló en uno de los dos equipos más importantes de la ciudad y de la región. La mayoría de los jóvenes querrían estar en nuestro lugar; así casi sin quererlo, nos convertimos en rivales máximos. Nos íbamos a enfrentar en el partido decisivo. El equipo que ganara sería el campeón.


 
 
El día del partido iba a ser especial para los dos. Antiguos amigos y destacados en los equipos antagónicos de la región. Ambiente descomunal. Lucha al máximo. Mi gol, un remate perfecto. PROPIO DE UN FELINO, como decía el más reputado de los comentaristas deportivos; o lo del LEÓN DE ÁFRICA ¡cómo me gustaban las crónicas deportivas del día siguiente!
 
 


Llegó el penalti. Sabía lo difícil que sería para Thiago. Yo quería que lo fallara, así  sería yo el mejor. Pero me vino el recuerdo y la tristeza de aquella tarde horrible en la que perdimos la alegría y también la amistad. 

Cuántos momentos bonitos y proyectos perdimos. La cumbre del éxito, sentirse los mejores poderosos invencibles tiene eso…

Thiago retrocedió. El público enmudeció un instante. El balón permanecía quieto. Muchos recuerdos te vienen en ese momento. Vi que Thiago, se tocaba el pantalón con la mano. Mala señal, no estaba seguro. Iba a fallar. Para mí sería lo mejor: éxito, dinero, reconocimiento público, mejores contratos, buena crítica.
 
 


Thiago comenzó la carrera infernal. Yo sentía el sonido de sus botas como si fueran las mías, la vibración me subía por todo el cuerpo y llegaba a las sienes que se agitaban con un inusitado fervor. Golpeó la bola con mucha fuerza, tanta y tan mal que el balón rozó el larguero y se escapó a las gradas, un proyectil sin rumbo cierto. Él se desmoronó de rodillas sobre el césped. Vi su mirada triste, sufriendo. La que ya había visto esa tarde …
 
 


Ganamos. Todo eran felicitaciones-abrazos-risas-parabienes-¿alegría?

Llegué al vestuario, yo, yo, yo, yo,… Aquel pobre hombre.
 
 





Continúa 



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