Una de las grandes diferencias entre las generaciones actuales y la mía era el seguimiento generalizado que hacíamos de los tebeos. Recuerdo cómo todos esperábamos con devoción las nuevas aventuras de Anacleto o Mortadelo. Así, nuestra infancia se iba moldeando con los valores que estos personajillos nos transmitían. Y uno de estos nuestros héroes más increíble y que espero nunca sea olvidado, era: