sábado, abril 18

1. El pu(n)to fatídico. Thiago

 

Lo que más odio en el mundo es lanzar penaltis. Es una tontería sabiendo que soy el delantero del equipo más laureado de la ciudad pero, no puedo evitarlo. En los últimos encuentros fallé los dos que tiré y noto que mi ánimo está afectado.

 

Esta tarde jugamos el encuentro decisivo de la temporada frente al otro gran equipo de la región. Será todo o nada. Mañana los diarios, sea cual sea el resultado, hablarán del acierto total de la táctica de un equipo y del fracaso absoluto del otro.

Todo ha ido muy deprisa los últimos días. Los nervios estaban por todos lados. Los últimos entrenamientos estaban repletos de trifulcas y malos modos. Y por si fuera poco, esta mañana el presidente del club bajó al vestuario a hablar con el equipo, algo que no era nada habitual. Además  me pidió que lo esperara al final, Solos en el vestuario:
 
 No podemos fallar, tú eres uno de los valores por los que más hemos apostao, contri peor salga no habrá renovaciones ni dineros pa seguir. dependerá de lo que hagamos hoy. No podemos jugar con nuestro futuro, en los momentos difíciles, tú nos has sacao las habichuelas del fuego y tiene que ser así. Tú eres el mejor y tos lo sabemos. 
 
 
Me llamaba la atención la utilización del plural, por este señor que era uno de los seres más adinerados de por aquí. Firmamos como una especie de pacto entre caballeros en el que me comprometía a darlo todo, algo que siempre había hecho. No me gustó demasiado la forma cómo me lo decía. Sentía un peso añadido a todo lo que era el partido en sí.


Llegó la hora del encuentro. Miles de aficionados, cantos en la calle,... La ciudad se volcaba solo con el encuentro. Cualquier otro acontecimiento quedaba relegado. Yo no dejaba de asombrarme del poder que podía tener este espectáculo y cómo acaparaba el interés de tantas personas que nunca lo habían practicado. La esencia de sus colores, de las palabras que lo acompañaban, de todos los ritos que se imponían cada vez se alejaban más de lo deportivo y se aproximaban a una Gran Ceremonia que no llegaba a entender.
 
 

Me crucé con Ekon en el pasillo de acceso desde los vestuarios al campo. Nuestras miradas dijeron tantas cosas. Nuestra pena persistía. La gran amistad se había desmoronado, ambos llevábamos demasiado peso encima, solo nosotros lo sabíamos.

Comenzó el encuentro. Las gradas rebosaban de personas y cánticos. Al poco rato, se lesiona mi compañero, el otro jugador con el que compartía las tareas ofensivas. Si hay penalti, me toca a mí. Mucha lucha. Los equipos esforzándose al máximo. Comienza la segunda parte, un balón al centro de nuestro área y surge la figura imponente de Ekon, con su cabeza impulsa un balón que entra fulgurante en nuestra portería.
 
 


El encuentro ganaba en intensidad. El cronómetro parecía ahora avanzar a una velocidad inusitada. Mi equipo empezaba a sentir pánico, lo notaba en la forma en que nos hablábamos, no había palabras eran gritos gestos de dolor, de desaprobación, de enemistad …

Una jugada extraña en su área. Barullo general. Un jugador de mi equipo cae, nadie sabe bien qué ha pasado. Momentos de confusión, El juez señala el punto de penalti, a favor de mi equipo. Siento que un sinfín de miradas se me clavan. Mi suerte está echada.
 
 


Camino hacia el punto. Sitúo el balón. Tirar el penalti tiene su propio aprendizaje. Suele decirse que el portero busca el leve instante en que tu mirada muestra la dirección a donde lo vas dirigir. Un entrenador me aconsejaba tener los ojos cerrados hasta que vas a iniciar la carrera, siempre lo hago así. Otros porteros, se dejan caer hacia un lado, para que pienses en lanzarlo al otro lado y así detenerlo. Aquí triunfa el lenguaje de la mentira, de la provocación. si lo piensas es un poco como nuestra vida, desde pequeños tenemos que sobrevivir a las dificultades y si no, ¡pobres de nosotros!
 
 



Pero lo más importante, tienes que elegir entre el toque suave, delicado, bien dirigido, como una nota musical o la pincelada magistral de un gran pintor, el esférico se desliza como si fuera una pequeña obra artística; o puedes elegir el disparo feroz y rotundo, que aunque el portero lo intercepte, siga su curso imparable con su fuerza descomunal. 
 
 


Desde que era pequeño, he sentido con cierto dolor la sensación de la soledad. Ahora recuerdo la niñez, cuando me tenía que quedar solo en casa, me rodeaba de unas viejas silla que había en la cocina. Tenía esa sensación de confort. Ahora las sillas no estaban. Abrí los ojos, Comencé con un pequeño trote para llegar a una carrera infernal.



Allí estaba el balón. Ausente del mundo, ajeno a la fuerza que alteraría su estado. Ekon y yo fuimos amigos, nos equivocamos. Mi pierna embistió la bola desde su parte inferior.
Y
 
Continúa 
 

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