sábado, marzo 7

Ocasión: Todo por menos de 50 (Microrrelatos 3)

   Ponte en el caso: estás tranquilamente en tu casa, un día por la tarde y te llega la propuesta de realizar un relato. Vaya, toca ponerse a pensar, a idear y lo peor de todo ¡¡¡a escribir!!! Pero eso no es todo, te añaden que debe ser un microrrelato, que se han inventado ese nombre y encima no debe superar las 50 palabras. ¡¡Qué locura, han llegado las rebajas a la literatura!!


 
 ¡A volar! 
Mañana primaveral: la caricia del sol le seca el rocío nocturno. Incómoda, se despereza dentro de su ajustado traje, sin reconocerse todavía. ¿Sabrá usar sus nuevas extremidades? La crisálida se rasga y por fin puede desplegar sus alas. Volará muy rápido: debe salir del jardín del coleccionista de mariposas.
Susana Tab 
 
  
Dice la leyenda que un hilo rojo invisible une a quienes están destinados a encontrarse. Nuestro hilo no ata las manos, une corazones y recuerdos valiosos. Aunque a veces parezca perdido, solo basta observar un pequeño gesto, una simple mirada, para recordarme que nunca se rompe y que seguimos conectados.
Mónica Navarro
 


 
Anocheciendo, susurraban historias antiguas. Entre sus muros rojizos y mármoles blancos una sombra recorría los patios silenciosos.
Dicen que era un poeta de la ciudad que aún buscaba su último verso perdido.
Cuando la luna iluminó los arcos el eco respondió y el poema volvió a latir en la piedra.
Miguel Molina 
 

 
 
 
La  gran  distopía


Estoy muy enfermo y soy bastante mayor. Escucho ruidos, imagino que están trasladando a mi vecino que tiene seguro privado. Hace dos días que me dejaron solo en la habitación de la residencia. Triste recuerdo de otra época: Me van a dejar morir. Marzo de 2051.
José Mª Llobell 
 
 

Realidad 
 
La primera noche que se desvirtualizaron, tras hablar durante un mes con todos sus días, después de treinta fotos de cielos en Facebook, ella supo que aquellos ojos eran los más tristes que había mirado nunca. Ella creyó estar enamorada; él nunca pudo sostenerle la mirada desde aquella noche.
Susana Tab 
 
 
 
 
 
Epílogo
 
Temía elevar los ojos, sabía que allí tras el cristal estaría su mirada inquisidora. Inventar, redactar, escribir,… siempre la misma rutina de la tarde que se movía inerte. Mi cuerpo permanecía angustiado, casi inmóvil.
-Ahhhgg- desperté del sueño que me perseguía, pero si ese tío ya se había jubilado.
 
 
Agradecemos a todos los que con escritos o lectura, hacéis posible que exista este BLOG. Os queremos.
 

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