Microbodas
Un tenso silencio llenaba las once de la mañana de aquel sábado; hasta sus perros se habían callado.
≪Que pase esto pronto, por Dios, que sea ya mañana≫
一¿Por qué he elegido el azul, que no me favorece?, hasta eso lo llevo mal - Marina se pasaba la lengua por el interior de los carrillos, en un gesto espontáneo que su madre reconoció. Tantas veces la había visto… así mostraba ella su inseguridad, y el reconocimiento de que se había pasado en su provocación.
一 Aún puedo avisar a los titos y a tus amigas, se ponen cualquier cosa y nos acompañan, piénsatelo hija…. estás a tiempo.
Me devolvió la mirada, quebrada durante un instante y recompuesta y dura enseguida; levantó la barbilla y espetó.
一 ¿A que vamos solos los novios y los testigos?
一 Señora … la llaman…
一 Dime, sí,sí…. así es, dentro de un rato, no, en la Iglesia no, en el Ayuntamiento, no allí tampoco se va a adornar nada… sino te lo hubiese encargado a ti, claro.., gracias Paqui, no te molestes, te lo agradezco pero no lleva ramo… yo que sé, cosas de la gente joven… vale, se los doy de tu parte, ya te encargaré las flores de la Novena… Adiós, adiós.
一 ¿Hoy no sale nadie?, ¿ni a comprar el pan?- se le escapó decir a Doña Luisa al notar la calle Mayor vacía- no hay ni cotillas, así demuestran su enfado por no celebrarlo; bueno, seguro que detrás de los visillos nos están mirando
Fiel a esta última reflexión, la señora madre se tensó, resultando algo más alta- “ no hay que mostrar nunca las debilidades ” - decía su abuela- y flanqueada por sus hijos, esposo y nietos, apretó el paso.
Sus tacones, los únicos, sonaban un semitono más agudo que los pasos de los demás , muy poquitos, por cierto.
Le pareció que Antonio había envejecido desde que supo la noticia.
一 Esta niña no está bien … la culpa es tuya; siempre ha hecho lo que ha querido, parece que le tienes miedo. ¿Cómo me presento yo al día siguiente en el Casino , después de que he ido a las bodas de todos los hijos de mis amigos- como es normal- y ahora, mi hija no me deja invitar a nadie? Si se hubiesen casado en la tierra esa del Barbas… pero no… ellos aquí; en el pueblo pero sin el pueblo… (al pobre Antonio le había salido el eslogan, aunque cambiado, de su candidatura por UCD)
一 Todavía ni voy
一 Por Dios, Antonio…. i que es tu hija!
El Barbas estaba ya en la puerta, bajo la bandera; Doña Luisa se sintió “overdressed”*, con gusto hubiese ido a la casa a ponerse algo más sencillito, dadas las circunstancias.
≪ Ese muchacho es que no tiene familia que le acompañen ≫ - pensó.
Bueno, él ya tiene experiencia en esto, … pero mi niña no. - Las lágrimas le escocían.
No conocía a la juez: seguramente, Julián no había querido casarlos y habría pedido sustituto a Sevilla capital, esta parecía con experiencia en estas dichosas “micro bodas".
¡Ay Julián! a quien ella había visto siempre como su yerno ideal… tan bueno, juez , conocido de toda la vida… si Antonio le había curado cuando la polio… aunque las malas lenguas decían que nunca lo habían visto con ninguna mujer…
La ceremonia fue un visto y no visto… algo amenizada por los nietos que no paraban de moverse y por la puerta de la sala principal del Consistorio , que se abría y cerraba sin parar.
一 Pues hoy no hay viento - pensó Doña Luisa, mirando siempre al frente- tengo que decirle a Pura que le recuerde a su hijo que el alcalde tiene que estar pendiente también de los detalles, que mande arreglar la puerta.
一 !Que vivan los novios!
El corazón le brincó en el pecho; se volvió y vio que la sala estaba llena de gente; la jueza sonreía, seguro que estaba en el ajo.
¡Todos allí! !¡Qué alegría!
Empezaron a aplaudir, a dar besos y abrazos. Hasta el Barbas estaba contento.
Se oía a los del bar de la plaza mandando instalar las mesas y el ajuste del equipo de música de la banda de la verbena.
Doña Luisa miró a Antonio; este se le acercó sonriendo; despacito le secó una lágrima, le guiñó un ojo y repitió el mismo gesto de Marina (pasó la lengua por dentro de los carrillos)
Como si se parase el tiempo, en una foto instantánea, ella decidió cambiar, dejarse llevar más y no ser tan dramática. Total, nunca pasaba nada realmente determinante.
* Excesivamente arreglada
Niño, plástico, conciliador.
Se cuenta desde antiguo que a las doce cobran vida. Faltan diez minutos para la medianoche y ya cede el material duro, pudiendo mover los dedos de los pies. A las doce y cuarto se repiten las escenas nocturnas habituales: los monos se pelean- y él media; el polichinela y el militar rivalizan por la bailarina- él los pacífica. Pero esta será la última vez. A las y media, gateando, se acerca y abre la ventana más alejada, dejando que entre vigorosamente el agua de la lluvia, como una serpiente húmeda. A las menos cuarto, cansados por el baile que él les ideó en el centro del bazar, van sintiendo entumecerse sus cuerpos y poco a poco retoman sus puestos en las estanterías (conocedores de ese único deber y de que a las una en punto sólo sus mentes seguirán activas) A las dos de la madrugada… la jirafa es la primera en deshacerse, le seguirá uno tras otro. Si alguien pudiese descifrar la mirada de los muñecos, vería el espanto en todos ellos menos en los ojos del muñeco bebé… donde hay satisfacción, porque sabe que sobrevivirán, como pareja al fin, sólo la bailarina y él, porque ellos dos son los únicos muñecos de plástico.
Rosario Caro


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