Un gorro gris, deshilachado la coronaba. Salió de la inmensa muchedumbre que llenaba las calles y plazas, como las olas en las playas abandonan los objetos, con constantes vaivenes y sin dejarlos nunca del todo libres.Ella miraba el firmamento como el que mira el horizonte extasiada ante la grandeza del mar. Pero aquello, no era más que un bar pequeño abarrotado de personas que bebían y alborotaban con grandes gritos, indiferentes a la mujer mayor y frágil que había entrado.














