Esta es una visión muy particular y poco objetiva de mi ciudad.
Las fotos, sin duda para muchos, no van a tener gran calidad, las he
realizado con un móvil de esos del montón. Pero son lugares que para mí tienen una especial significación y los aconsejo por si alguien quiere venir a esta ciudad, de la que se puede hablar mucho, aunque lo mejor es conocerla.
Descubrir por ti mismo el sabor del barrio del Albayzín. Una ciudad en
otra. Sus calles, pequeñas y tortuosas, llenas de magia, sabor de otro
tiempo. Acompañarse del silencio del tiempo. Descubrir que persiste lo
que fue, lo que conocemos es un reflejo de todo lo que ha sido y todavía
está ahí. Albayzín, lleno de matices de lo que hemos vivido y
seguramente, nunca queremos ni deberíamos perder.
Impresiona la cúspide que domina
toda la provincia. Si te aproximas en un avión, el macizo sobresale
majestuoso. Sierra Nevada, es el gran referente para todos. Nos
proporciona el agua con sabor peculiar, un clima único y la belleza de
la alta montaña a muy pocos kilómetros de la ciudad. Es una seña de
identidad para todos lo que amamos el aire libre.
El Genil baja de Sierra Nevada, a través de bosques de laureles de una belleza incomparable. El vidrio y el cristal son objetos demasiado opacos para establecer con ellos una comparación y materia muy densa para dar idea de la pureza de este agua, que poco antes se extendía en sábanas de plata sobre los picachos de Sierra Nevada. Parece un torrente de diamantes en fusión.
Teófilo Gautier.
Los charcos nos muestran la ciudad confusa, sumida en su propia voluntad
acuática. En los lugares más insospechados, aparecen atrapando el
cielo. Son un éxtasis cromático, lleno de sensaciones. En su interior la
ciudad se confunde con los recuerdos de lo que ha sido y nunca ha
dejado de poseer.
Los charcos recuerdan la infancia, lo que
admiraba del paseo preescolar, cuando el tiempo parecía transcurrir con
velocidad diferente, lo que nos mostraba la percepción de la Naturaleza.

La Acequia del Rey, bordea El Llano de la Perdiz, a muy pocos minutos
del centro de la ciudad. Me gusta el sabor del bosque mediterráneo
intacto y el sonido de los pájaros que se refugian en su interior.
Desde uno de los numerosos miradores que circundan Granada. Al fondo,
parte de la Vega y la muralla natural formada por todas las montañas que
rodean la ciudad.
La Abadía del Sacromonte, lugar con un impresionante legado histórico. En realidad está por descubrir, eclipsado por otros monumentos, creo que es La gran desconocida de Granada. Creo que en el futuro todo va a cambiar y será un lugar que recupere su verdadero valor.
Desde las montañas de alrededor su visión me parece relajante y de una gran belleza.
Desde siempre me han atraído los tejados. La ciudad muestra su grandeza y, cada vez más, su indecencia. Los horribles aparatos y antenas por cualquier lugar. Hemos olvidado, subir a un túmulo y contemplar lo espectacular que son las cúpulas, las estatuas y los tejados. Son claros exponentes del pasado, de la ciudad amable que fue, de la ciudad amiga. El ser de ahora, con su obsesión por la tecnología, va perdiendo el gusto por la belleza que se esconde en la sencillez de la piedra y de la teja que cubre la ciudad.

Dentro del mismo recinto de la Alhambra, hay un sinfín de lugares que tienen un sabor muy especial. Uno
de ellos es este pequeño hotel. Desconozco si estará en es guías de
Hoteles con encanto, pero créanme el lugar es auténtico. Lo que más me
gusta de Granada es que es una ciudad que se presta a descubrir siempre
lugares nuevos. Se debe conocerla a pie con el propósito y si miedo por
encontrar lo que te puede sorprender. La ciudad está llena de matices
que se escapan a la guías al uso.



Adiós, Flor del desierto trasplantada
a este valle feraz de Andalucía,
do en alfombra de grata lozanía,
muelle Beldad, te encuentras reclinada.
Al aspirar tu brisa embalsamada,
que encantó en otro tiempo el alma mía,
recuerdo los ensueños de poesía
que gocé en tu mansión, bella Granada.
Hoy, que cruzo ante ti, la sombra errante
siguiendo de mi lóbrego destino,
me arrebata un suspiro tu belleza;
que si tu cielo azul, puro y brillante,
a mi alma dio ayer fulgor divino,
hoy mi alma le inunda de tristeza
Pedro Antonio de Alarcón


Por la Cuesta de los Chinos: ese lugar que siempre puedes soñar que se encuentra dentro de un entorno urbano. Es como una especie de puerta de escape entre la Alhambra y el Generalife, lugar que atesora un especial encanto entre lo natural y la mano del hombre.

091 - La torre de la vela 
Cada una de las artes me ha enriquecido con su especial belleza y dotado de su esplendor y perfecciones.
Aquel que me ve juzgue por mi hermosura de la esposa que se dirige a este vaso y le pide sus favores.
Cuando el que me mira contempla atentamente mi hermosura se engaña la mirada de sus ojos con una apariencia.
Pues al mirar a mi espléndido fondo cree que la luna llena tiene aquí fija su morada habiendo abandonado sus mansiones por las mías.
No estoy sola, pues desde aquí contemplo un jardín admirable.
No vieron los ojos cosa semejante a él.
Este es el palacio de cristal;
sin embargo, ha habido quien al verlo le ha juzgado un océano proceloso y conmovido.
Todo esto lo construyó el Imán Ibn Nasr*;
sea Dios guardián para los demás reyes de su grandeza.
Sus ascendientes en la antigüedad alcanzaron mayor elevación
pues ellos hospedaron al Profeta y sus deudos. Poema del arco de entrada al mirador de Daraxa


El campo
de olivos
se abre y se cierra
como un abanico.
Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros fríos.
Tiembla junco y penumbra
a la orilla del río.
Se riza el aire gris.
Los olivos,
están cargados
de gritos.
Una bandada
de pájaros cautivos,
que mueven sus larguísimas
colas en lo sombrío.
Federico García Lorca

Los Puntos - Llorando por Granada
La luz. La ciudad hay
que conocerla en sus contrastes. Saborear los atardeceres. Descubrir la
luz que se derrama por los edificios, las arboledas, los paseos.
Granada invita a ser paseada.

Mi corazón oprimido
siente junto a la alborada
el dolor de sus amores
y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
semillero de nostalgias
y la tristeza sin ojos
de la médula del alma.
La gran tumba de la noche
su negro velo levanta
para ocultar con el día
la inmensa cumbre estrellada.
¡Qué haré yo sobre estos campos
cogiendo nidos y ramas,
rodeado de la aurora
y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
muertos a las luces claras
y no ha de sentir mi carne
el calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
en aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
como una estrella apagada.
Federico García Lorca



Escalera al cielo. Si hay algo de lo que no te puedes cansar nunca en Granada es emprender las cuestas que desembocan en el recinto de la Alhambra. Cuestas rodeadas de un corredor verde. Sensación máxima de frescor en los días más cálidos del verano. Son lugares amables y recomendados por los que puedes discurrir sin el infernal ruido del tráfico: Granada una ciudad que vivir.


Miguel Ríos - Vuelvo a Granada
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